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El último trimestre no se improvisa en octubre

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Introducción

Septiembre tiene algo particular dentro de las empresas. Después de unas semanas en las que el ritmo suele cambiar, vuelven las reuniones, se retoman proyectos pendientes y el calendario empieza a llenarse con bastante rapidez. A simple vista parece que todavía queda mucho año por delante, pero basta con mirar las semanas disponibles para darse cuenta de que el último trimestre llega mucho antes de lo que parece.

Octubre, noviembre y diciembre concentran habitualmente cierres de proyectos, objetivos pendientes, presupuestos que revisar, acciones que todavía no se han ejecutado y decisiones que, por diferentes motivos, se fueron aplazando durante los meses anteriores. El problema aparece cuando todo eso se intenta resolver una vez que octubre ya ha comenzado.

Porque una cosa es ajustar un plan y otra muy distinta construirlo cuando apenas queda margen para ejecutarlo.

Por eso septiembre puede ser un buen momento para detenerse, revisar dónde está realmente la organización y decidir qué merece atención durante los próximos meses. Planificar el último trimestre no significa llenar la agenda de nuevas iniciativas, sino elegir con criterio qué es importante terminar, mejorar o poner en marcha antes de cerrar el año.

Esta idea de anticiparse no empieza ahora. Como ya comentábamos en nuestro artículo sobre cómo las empresas que llegan preparadas a septiembre no improvisan en verano, muchas de las decisiones que marcan el último tramo del año empiezan bastante antes.


Septiembre es un buen momento para mirar el año con otros ojos

A principios de año es habitual establecer objetivos, presupuestos y líneas de actuación. Sin embargo, una empresa puede cambiar mucho en ocho meses. Pueden incorporarse nuevas personas, aparecer herramientas diferentes, cambiar las prioridades comerciales o detectarse necesidades que en enero ni siquiera existían.

Por eso, volver en septiembre exactamente al plan diseñado meses atrás no siempre es la mejor opción. Conviene comprobar si sigue respondiendo a la realidad actual de la organización.

No todo lo que estaba previsto en enero sigue siendo prioritario

Uno de los errores más frecuentes en la planificación empresarial consiste en confundir constancia con rigidez. Mantener un objetivo simplemente porque estaba escrito en el plan anual no tiene demasiado sentido si las circunstancias han cambiado.

Septiembre ofrece una buena oportunidad para revisar preguntas sencillas pero importantes: ¿qué objetivos siguen siendo relevantes?, ¿qué proyectos merecen realmente nuestros recursos?, ¿qué necesidades nuevas han aparecido? y, sobre todo, ¿qué podemos abordar de manera realista antes de terminar el año?

En algunos casos, esta revisión confirmará que la planificación inicial sigue siendo adecuada. En otros, permitirá redistribuir esfuerzos hacia aspectos que ahora tienen mucho más impacto.

Cambiar una prioridad no significa haber planificado mal. Muchas veces significa que la empresa está prestando atención a lo que ocurre a su alrededor.

Los pendientes también dicen mucho sobre cómo está funcionando una empresa

Septiembre también trae consigo esa lista de asuntos que llevan meses acompañándonos: un proceso que había que revisar, una herramienta que todavía no se utiliza correctamente, una necesidad formativa detectada hace tiempo o un proyecto que siempre termina desplazado por algo más urgente.

No todos los pendientes son importantes, pero cuando una misma necesidad se aplaza una y otra vez quizá convenga preguntarse por qué.

A veces falta tiempo. En otras ocasiones faltan responsables claros, conocimientos, recursos o simplemente una decisión.

Identificarlo ahora permite actuar con más margen y evita llegar a las últimas semanas del año intentando resolver precipitadamente cuestiones que llevaban meses esperando.



El último trimestre empieza antes de octubre

Aunque administrativamente pensemos en octubre como el comienzo del último trimestre, desde el punto de vista de la gestión empresarial el trabajo debería empezar antes.

Esperar a octubre significa perder unas semanas especialmente útiles para analizar necesidades, comparar alternativas, coordinar agendas o preparar determinadas acciones. Y cuando entramos en noviembre, el margen se reduce todavía más.

La diferencia puede parecer pequeña sobre el calendario, pero resulta enorme cuando hablamos de ejecución.

Priorizar es más importante que intentar hacerlo todo

A estas alturas del año es habitual mirar la lista de objetivos pendientes y querer acelerar. Sin embargo, convertir septiembre en una carrera para recuperar todo lo que no se ha hecho durante los meses anteriores suele producir exactamente el efecto contrario: demasiadas prioridades compitiendo entre sí y equipos que no saben dónde concentrar sus esfuerzos.

Una planificación útil debería distinguir entre varios tipos de acciones:

  • Lo que necesitamos terminar antes de cerrar el ejercicio.
  • Lo que conviene mejorar porque está afectando actualmente al trabajo.
  • Lo que podemos preparar ahora aunque sus resultados lleguen más adelante.
  • Lo que puede esperar, porque no todo tiene que resolverse antes de diciembre.

Parece una clasificación sencilla, pero obliga a tomar decisiones. Y precisamente ahí está su utilidad.

Planificar bien no consiste en encontrar espacio para todo. Consiste en decidir qué merece realmente ese espacio.

También es el momento de revisar qué necesita el equipo

Los objetivos empresariales y las capacidades de las personas que deben ejecutarlos no pueden planificarse por separado.

Una organización puede proponerse incorporar nuevas herramientas digitales, mejorar determinados procesos, desarrollar una nueva línea comercial o introducir cambios en su forma de trabajar. Sin embargo, si las personas encargadas de llevarlo a cabo no cuentan con los conocimientos o las competencias necesarias, el plan difícilmente avanzará al ritmo esperado.

Por eso septiembre también puede ser un buen momento para revisar las necesidades del equipo y comprobar qué acciones de desarrollo siguen pendientes.

No se trata de programar formación simplemente porque se acerca el final del año. Se trata de identificar qué necesita aprender o reforzar el equipo para que los objetivos de la empresa sean realmente alcanzables.


La formación no debería ser una decisión de última hora

En muchas organizaciones, la formación entra en la conversación cuando ya queda poco tiempo para organizarla. Aparecen necesidades que llevan meses detectadas, se revisan presupuestos disponibles y comienza la búsqueda de cursos con un calendario cada vez más ajustado.

Sin embargo, cuando una acción formativa responde a una necesidad empresarial concreta, merece el mismo nivel de planificación que cualquier otro proyecto.

Primero la necesidad, después el curso

Una buena planificación formativa no empieza revisando un catálogo. Empieza entendiendo qué está ocurriendo en la organización.

Quizá un equipo necesite utilizar mejor una herramienta que ya tiene. Puede que un departamento esté asumiendo nuevas responsabilidades o que determinados procesos requieran conocimientos diferentes a los de hace unos meses. Incluso puede ocurrir que el problema detectado no se resuelva con formación y sea necesario revisar primero cómo está organizado el trabajo.

Por eso el análisis previo resulta tan importante.

Antes de decidir qué formación realizar, conviene preguntarse:

  • ¿Qué queremos mejorar?
  • ¿A quién afecta esta necesidad?
  • ¿Qué cambio esperamos conseguir?
  • ¿Cuándo necesitamos que ese conocimiento pueda aplicarse?
  • ¿Qué modalidad encaja mejor con la organización del equipo?

Responder a estas cuestiones permite que la formación deje de ser una acción aislada y pase a estar conectada con los objetivos reales de la empresa.

La formación bonificada también necesita margen

Cuando existe la posibilidad de gestionar formación bonificada, anticiparse facilita mucho más la organización. Además, conocer con precisión el crédito disponible para formación permite tomar decisiones con más criterio y evitar dejar toda la gestión para las últimas semanas del año.

Septiembre, por tanto, no debería convertirse en el mes de “hacer cursos porque se acaba el año”, sino en el momento de revisar qué necesidades siguen pendientes y cuáles merece la pena abordar con tiempo y criterio.



Un pequeño ejercicio antes de entrar en octubre

No hace falta diseñar un documento complejo para empezar a ordenar el último trimestre. Una reunión breve entre dirección, responsables de área o Recursos Humanos puede ser suficiente para responder a cuatro preguntas:

PreguntaQué permite detectar
¿Qué queremos haber conseguido cuando termine el año?Las prioridades reales
¿Qué nos está impidiendo avanzar ahora mismo?Bloqueos y necesidades
¿Qué necesita nuestro equipo para conseguirlo?Competencias, recursos o cambios
¿Qué debemos poner en marcha ya?Acciones que necesitan margen

Lo importante no es convertir septiembre en otro mes lleno de reuniones de planificación, sino utilizarlo para ganar claridad.

Porque cuanto más claras estén ahora las prioridades, menos decisiones urgentes habrá que tomar después.


Conclusión

El último trimestre del año puede parecer suficientemente largo cuando todavía estamos en septiembre. Sin embargo, entre proyectos en marcha, cierres, festivos, agendas y nuevas prioridades, el margen disponible se reduce con rapidez.

Por eso quizá la pregunta no sea cuánto queda para terminar el año, sino qué queremos conseguir con el tiempo que todavía tenemos.

Revisar objetivos, ordenar pendientes, detectar necesidades del equipo y decidir qué acciones merece la pena poner en marcha permite afrontar los próximos meses con una dirección mucho más clara.

En Arándiga Consultoría y Formación trabajamos con empresas para analizar sus necesidades y convertir la formación y la mejora de procesos en herramientas alineadas con sus objetivos reales. Porque planificar con tiempo no significa saber exactamente qué ocurrirá durante los próximos meses, sino estar mejor preparado para decidir cuando llegue el momento.

Octubre puede marcar el comienzo del último trimestre en el calendario. Pero una buena planificación empieza bastante antes.

Preguntas frecuentes

¿Por qué septiembre es importante para planificar el último trimestre?

Septiembre permite revisar cómo ha evolucionado el año, comprobar qué objetivos siguen siendo prioritarios y poner en marcha acciones antes de que el calendario de octubre, noviembre y diciembre reduzca el margen de actuación.

¿Qué debería revisar una empresa antes del último trimestre?

Conviene analizar los objetivos pendientes, los proyectos en marcha, los procesos que necesitan mejoras, las necesidades del equipo y aquellas acciones que requieren planificación previa para poder ejecutarse antes de finalizar el año.

¿Cuándo debería planificarse la formación del último trimestre?

Lo recomendable es revisar las necesidades formativas con suficiente antelación para poder seleccionar las acciones adecuadas, organizar a los participantes y elegir la modalidad que mejor se adapte al funcionamiento de la empresa. La formación debería responder a una necesidad concreta y no únicamente a la cercanía del final del año.